sábado, 31 de agosto de 2013

Capítulo 3 - La explicación

William se despertó cuando el despertador de Chloe y Andrew sonó. Nadie se levantaba para apagarlo y la alarma cada vez era más fuerte.
-¡¡Que alguien apague ese maldito despertador!! -gritó.
Como no le hacían caso, fue él mismo a su habitación.
-¡Andrew, Chloe! -protestó.
Nadie respondía y eso era raro. William abrió la puerta y vio que las camas estaban deshechas y que su pijama estaba allí.
El corazón le empezó a latir muy rápido y empezó a sudar. Bajo rápidamente las escaleras (estuvo a punto de caerse un par de veces) y fue a la cocina. Allí no había nadie.
Fue corriendo al salón para ver si estaban en el sofá que tanto les gustaba. Pero allí tampoco había nadie.
<<Oh, no>>, pensó. <<¡No, no, no, no, no!>>.
Vio por el rabillo del ojo que el teléfono fijo estaba en su sitio (eso era muy raro) y corrió hacia él. Estaba tan preocupado que hasta le parecía que los números de las teclas no paraban de moverse. Intentó tranquilizarse un poco y, lentamente, marcó el número de teléfono de Leaw.
-¿Leaw? -preguntó, con la voz temblándole.
-¿William? ¿Qué ha pasado? ¿Ya se lo has dicho?
-¡Leaw, aquí no están! -dijo haciendo caso omiso de las palabras de Leaw. Estaba tan preocupado que los ojos se le empezaron a emborronar.
-¿Qué? -gritó Leaw-. Tranquilo, William. Intentaré encontrarlos con mis poderes. Pero me tienes que prometer que luego les contarás todo y que les contarás lo que sabes de Spelway.
-Está bien -le respondió William. Después, colgó.
Se dejó caer en el sofá que tanto le gustaba a sus hijos y empezó a pensar en Chloe y en Andrew. ¿Estarían bien? ¿Los habrían secuestrado los captura-magos?
Sin poder reprimirlo, una lágrima se deslizó por su mejilla y se tumbó para intentar dormir.


Andrew y Chloe comían una manzana cada uno a la sombra de un árbol.
Habían estado prácticamente toda la mañana caminando por la ciudad sin saber a dónde iban.
En ese momento estaban cerca del Big Ben y del Ojo de Londres. Ninguno de los sabían por qué habían ido allí exactamente.
-Andrew, ¿por qué hemos venido a un sitio tan típico? -preguntó Chloe, extrañada-. Igual los hombres esos están por aquí...
-No lo sé, yo... -Se paró a pensar. Igual su hermana lo tomaba por loco, pero con todas las cosas extrañas que estaban viviendo igual no. Cogió aire y lo soltó-: Es como si algo estuviera controlando mis piernas. Por más que lo intento, no logro frenarlas. Creo que aquí va a pasar algo... No sé el qué, pero algo -dijo frunciendo el ceño.
Chloe miró al frente. Todo estaba normal. Las personas paseando tranquilamente por la orilla del Támesis, los turistas haciendo fotos sin parar y los barcos navegando tranquilamente por el río.
Sin embargo, se calló.
Le dio el último mordisco a la manzana y se levantó para ir a tirarla. Volvió con su hermano, que observaba un punto en el horizonte. Se inclinó.
-Chloe, ¿ves eso de allí? -preguntó Andrew apoyando la mano en el hombro de su hermana.
-¿A qué te refieres? -preguntó ésta, que ni siquiera había girado la cabeza.
-La luz esa. Cada vez está más cerca.
Chloe, alarmada, esta vez sí que miró y vio que su hermano tenía razón. Se levantaron, dispuestos a avisar a la gente, pero éstas se habían parado completamente.
El aire no soplaba y las nubes del cielo habían parado de moverse. Los coches y los barcos no se movían de su sitio. La bandera de Londres que sujetaba un turista se había dejado de mover.
-¿Qué está pasando aquí? -chilló Chloe, un poco asustada.
Además, la luz estaba tan cerca que parecía que los fuese a aplastar.
Los dos hermanos se pusieron en posición para luchar. Aunque sabían que no iba a valer para nada.
La luz se paró delante de ellos y tomó la forma de una mujer de la misma edad que su padre. Ésta sonrió. Tenía melenita hasta por un poco más debajo de la barbilla, los ojos los tenía marrones y los labios pintados de rojo.
-Hola. No os asustéis, por favor. Yo no soy como los otros captura-magos del otro día. Soy amiga, bueno, era amiga de vuestra madre. ¿Me podríais acompañar hasta vuestra casa para explicaros todo lo que os pasa junto a vuestro padre? -explicó-. Perdonad, no me he presentado, me llamo Leaw.
Chloe y Andrew se miraron. No sabían qué hacer.
Al final, respondieron que vale.
-Muy bien, agarraos de las manos, nos vamos a teletransportar -dijo Leaw, dándole la mano a Chloe.
-Yo también hice eso el otro día -contó Chloe- Aunque no sé tampoco muy bien como hacerlo pero...
-Ya verás como sabrás.
Notaron el tirón en la tripa y el paisaje se difuminó antes sus ojos.
Aparecieron en la entrada de su casa.
Leaw alzó el puño, y con solo abrir la mano, la puerta se abrió.
Andrew le miraba fascinado.
-William, hola, soy Leaw, ya tengo a tus hijos -le avisó Leaw.
Al principio no se escuchó nada, pero después se escucharon pisadas corriendo.
Apareció William bajando la escalera.
-¡Andrew, Chloe! -exclamó, abrazándolos.
Después de la emotiva entrada de William, se sentaron el el sofá.
-Os voy a explicar -comenzó Leaw, frotándose las manos- Sois una especie de magos. Ahora os preguntaréis por qué. Pues, porque vuestra madre era una hechicera. Luchaba contra los captura-magos, contra unas criaturas, que ya os explicaré porque no vienen a cuento ahora. Y, en realidad, vuestra madre no falleció en un accidente, le atacaron las criaturas esas y no tuvo tiempo de defenderse.
Chloe se puso a llorar, no podía aguantar escuchar aquello.
-Lo sé, es triste querida. Bueno, y, hay una especie de mundo mágico en el que hay cuatro ciudades: Myuway; Keway; Spelway, que es donde vivo yo y Bitway. En cada una hay una academia de magos.
Vosotros, como la mayoría, ya poseéis poderes y pues iríais a aprender a controlarlos y a usarlos. Y a formaros claro, ya que para luchar tenéis que hacerlo. Y creo que os vais a tener que venir conmigo a Spelway.
William no ponía buena cara, más bien, estaba triste.
-¿Tendremos que irnos de Londres? ¿Tendremos que dejar a papá solo? -preguntó Chloe, apenada.
Leaw asintió, pero no dijo nada. Aun así, Chloe vio que estaba apenada.
-Podréis venir a visitarle cuando ya hayas aprendido a teletransportarte bien -le dijo.
Chloe se secó una lágrima que resbalaba por su mejilla y vio que Andrew hacía esfuerzos por no llorar.
Leaw, sin poder soportar por más tiempo la situación, se quitó el colgante que colgaba de su cuello. Era una amatista.
La tiró al suelo con fuerza y, al hacerlo, la piedra se rompió en mil pedazos.
Chloe ahogó un grito de horror.
Antes de que le pudiese preguntar a Leaw por qué había hecho eso, un humo violáceo empezó a salir de cada una de las piedrecitas que habían esparcidas por el suelo. Empezó a juntarse y a girar en una dirección.
Una luz violeta inundó la sala y, después, explotó.
Todos miraron en dirección al enorme portal que había delante de ellos y Leaw sonrió.
-¿Creías que la había roto, querida? No, es que el portal se abre así. Ahora le lanzo un hechizo y se vuelve a arreglar. Yo ya cruzo. Os espero al otro lado.
Leaw se paró delante del portal y, de una zancada, lo cruzó.
Los dos hermanos se giraron para mirar a su padre, que se estaba secando las lágrimas con un pañuelo. Andrew se acercó a él y le dio un largo abrazo.
-Volveremos pronto. Te lo prometo.
Se separó de él y dejó espacio para que Chloe le abrazase.
-Adiós papá -dijo y le dio un beso en la mejilla.
Los dos se volvieron hacia el portal. Se dieron la mano y se acercaron.
Se pararon a un paso de cruzar y se dieron la vuelta para despedirse por última vez de su padre.
Chloe miró también los apuntes de su amiga Anne en la mesa, esos apuntes que nunca se los podría devolver.
Le dijeron adiós con la mano y, mirando al frente, cruzaron el portal.

viernes, 30 de agosto de 2013

Capítulo 2 - Reencuentro y huida

-¿Entonces...es eso Leaw? -se atrevió a decir William, nervioso.
-Me temo que sí William, me temo que sí. De todas formas, ya sabías que esto iba a pasar tarde o temprano -le respondió Leaw, al otro lado de la línea.
William se toqueteó el pelo. Hacia eso siempre que estaba nervioso.
Leaw era una amiga de su fallecida mujer Megan.
Al ver que William no respondía, Leaw continuó:
-Díselo William, será lo mejor, cuando lo hayas hecho, llámame otra vez y ya hablamos de como traerlos a Spelway.
De repente, William escuchó pasos por las escaleras, serían sus hijos.
-Vale, ya te traeré el libro que me has pedido, gracias por comprar, hasta luego -mintió para que sus hijos no se enterarán de nada.
A continuación, colgó.
-Hola. ¿No estabais durmiendo? -les preguntó William.
-Sí, pero te hemos oído hablar con alguien y nos ha extrañado -respondió Andrew, fijándose en la palidez de su padre, aunque no dijo nada al respecto.
-No, era un cliente preguntando una cosa.
-¿A estas horas? -le dijo Chloe.
-Sí. -William se giró-. Iros a dormir, chicos, venga.
-Papá, ¿nos estás ocultando algo? -insistió Andrew.
-¡Iros a la cama ya! -les gritó William.
Andrew y Chloe se sorprendieron mucho, su padre nunca alzaba la voz. Subieron de nuevo por la vieja escalera y se quedaron hablando.
-Chloe, creo que aquí está pasando algo muy raro. Lo mejor sería no involucrar a papá.
Chloe asintió.
Los dos volvieron a la cama, aún extrañados, y se durmieron profundamente.


Aliviado, William se dejó caer en la cama. Se había levantado bien temprano, a las cuatro, para que Andrew y Chloe no descubriesen que estaba hablando por teléfono. Pero le había salido todo mal.
Marcó con rapidez el número de teléfono de Leaw.
-¿Sí? -preguntó ésta.
-Leaw, soy yo otra vez. Es que estaban mis hijos aquí y...
-William, podrías habérselo dicho. Ya les han pasado suficientes cosas. Los... hombres bajitos captura-magos, o como quieras llamarlos y ahora tú llamando por teléfono. Se habrán dado cuenta de que les has mentido. Hasta yo sé que tú nunca coges el teléfono y no me ha hecho falta usar mis poderes para averiguarlo.
William tragó saliva. Las palabras de Leaw eran ciertas.
-Después se lo diré, por la tarde
-Bien -dijo Leaw, y colgó.
                                                                            *****
Al día siguiente, Andrew y Chloe se despertaron muy temprano. Esa era otra de las cosas que habían heredado de su madre.
Aunque se habían despertado antes, no habían perdido sueño. William aún no se había ido a trabajar, era un poco extraño.
Bajaron las escaleras con bastante cuidado para no despertar a su padre, que dormía tranquilamente en su habitación.
Llegaron hasta donde estaba el sofá. Era tan cómodo y tan blando que los dos se pasaban horas sentados o tumbados ahí mientras hablaban de cómo había ido su día o leyendo.
-¿Qué quieres para desayunar? -preguntó Andrew mientras se levantaba.
-Leche. ¡Ah!, y un trozo de bizcocho de chocolate.
-Vale.
Andrew comenzó a preparar el desayuno.
Al acabar, se lo dio a Chloe, que se lo tomó enseguida.
Un rato después, ambos emprendieron la marcha hacia el instituto.
Pero al salir de casa, notaron que alguien les vigilaba.
Se pararon y dijeron:
-¿Sois ladrones? No tenemos dinero encima... De verdad.
Escucharon pasos por detrás y se giraron.
<<Oh no, otra vez no>> -maldijo Andrew.
Los extraños señores de ayer estaban ahí.
-Ayer os escapasteis niños, pero hoy no va a ser así -les amenazó el que se llamaba Zafio.
-¿Quienes sois? -preguntó Chloe, con dureza.
-A ti no te importa -respondió el de la barba.
A continuación, conjuró unas palabras con la varita, pero esta vez Chloe no tuvo tiempo de hacer lo que hizo el día anterior y le dio.
Intentó hablar, pero, no podía. Le había echado un hechizo para que no hablase.
Hizo una mueca.
Andrew cogió a su hermana de la mano y le susurró:
-Haz lo de ayer. Lo de transportarnos.
Chloe no sabía como se hacia del todo, pero, al final lo consiguió.
Notaron el tirón y aparecieron en un baño.
-Chloe, nos has llevado a un baño. Espera -se quejó Andrew- ¡Este es el baño del instituto! Corre llévanos a otro sitio.
Chloe le cogió de la mano y volvieron, pero esta vez a su casa.
Fueron corriendo a la habitación de Chloe, que daba a la calle y miraron por la ventana.
Ya se habían ido, pero seguro que no tardarían en aparecer.
-¿Puedes hablar ya? -le preguntó su hermano.
-¡Sí! Por fin, es un rollo estar callada -exclamó Chloe.
Andrew paseó nervioso por la habitación.
-Creo que nos vamos a tener que ir de casa. O por lo menos hasta que esto pase. Sino, a papá le podrían hacer daño. Así que, coge un jersey y tu abrigo. Yo voy a coger comida.
Andrew bajó las escaleras.
Chloe se quedó sola en la habitación, sentada es su cómoda cama. Cogió un jersey del armario y se lo puso, también, decidió coger una mochila que tenía, en la que metió su teléfono móvil, que no usaba casi nunca, una libreta y una mantita por si iban a pasar más días de los que pensaban. ¡Ah! Y también cogió dinero de su hucha. Por fin le hacia falta.
Se quitó las zapatillas y fue hasta el cuarto de William. Éste dormía profundamente aún  y no se enteró de que su hija estaba observándole.
<<Adiós, papá>>, pensó Chloe. Cerró la puerta con cuidado y se puso las zapatillas. Bajó las escaleras (esta vez sin cuidado) y, una vez abajo, se cargó la mochila al hombro y se puso a esperar a Andrew.
Apareció poco después. Él también llevaba una mochila y pesaba bastante. Debía de haberla llenado de comida:

-Vámonos -dijo Andrew. Chloe asintió y los dos hermanos empezaron a caminar, sin rumbo fijo y sin pensar en que su vida cambiaría muy pronto.


Hola!!! Ya tenemos el segundo capitulo. Esperamos que os guste y nos contéis que os parece.
Besos!!!

jueves, 29 de agosto de 2013

Capítulo 1 - Un extraño día

-¡Chole, venga, baja ya! -le llamó Andrew, desde la cocina.
Chloe todavía se estaba terminando de ponerse los zapatos.
Era una chica con cabellos rubios por los hombros. Tenía 16 años. No era muy alta, pero tampoco era bajita. Tenía unos ojos de color café, y era un poco delgada, cosa que no le gustaba mucho. Se parecía mucho a su madre, o eso le decía la gente que había llegado a conocerla, ya que su madre murió cuando Chloe solo tenía 3 años. En cambio, Andrew, con 17 años, se parecía más a William, su padre. Era alto y con el pelo castaño, tenía los hombros anchos y era bastante atractivo.
Se terminó de poner el zapato derecho y bajó las escaleras de madera hasta la cocina.
Solo estaban en la casa ella y su hermano.
Su padre, se iba a trabajar muy temprano a su tienda, en la que vendía de todo: libros, relojes...
-¿Ya estás lista? -le preguntó Andrew, cogiendo su mochila y pasándosela al hombro.
Chloe asintió.
Todas las mañanas iban juntos a un instituto cerca de su casa en Londres, andando.
Salieron afuera y cerraron.
Caminaron en silencio.
Andrew y Chloe no compartían muchos gustos.
-Papá me dijo ayer por la noche que mañana vendría la tía a cenar -dijo Chloe, rompiendo el silencio.
-¿Sí? -le respondió su hermano, sin curiosidad alguna, aunque intentaba aparentar que sí tenía.
-Sí.
No hablaron más hasta llegar al instituto.
Chloe no tenía muchas amigas allí, dos o tres. Andrew tampoco tenía muchos. Eran, más bien, chicos solitarios los dos.
Chloe les saludó a sus amigas desde lejos. Sus amigas le hicieron una señal para que fuera pero ella hizo caso omiso y se sentó en un banco, esperando a que sonar el timbre que daba comienzo a las clases.
Minutos después, se escuchó por fin el timbre. El que tanta gente odiaba.

Una hora y media después, salieron al recreo.
Andrew se sentó solo en un banco y empezó a comer con ganas su sandwich de tomate con jamón, uno de sus favoritos.
Chloe se acercó a él.
-¿No vas con tus amigas? -le dijo su hermano.
-¿No vas con tus amigos -le respondió Chloe, burlona.
-Está claro que hoy a ninguno le apetece ir con los amigos, por lo que veo -opinó Andrew, apunto de darle otro mordisco al sandwich.
Chloe no respondió, se limitó a sentarse a su lado.
-Me duele un poco la cabeza, la verdad -comentó Chloe, suspirando.
-¿Quieres que te lleven a casa? -le ofreció Andrew, un poco preocupado.
-No, será un simple dolor ya sabes -negó Chloe.
-Si no, allí tienes a un profesor para avisar -señaló a lo lejos.
-¿Que profesor? -preguntó extrañada su hermana, agudizando la vista.
-Ese que está apoyado en el árbol -siguió insistiendo Andrew.
-Andrew, allí no hay ningún profesor, ahí no hay nadie.
Andrew se fijó. Él veía a un profesor. Tal vez fueran imaginaciones suyas.
-Creo que me he mareado, voy a beber agua -le informó levantándose.
Chloe le dejó ir, y se terminó su sandwich, el dolor se hacía más fuerte pero después se aflojaba, era muy raro.
Más tarde, volvieron a las clases.
                                                                             *****
-Gracias, Anne. Mañana te los doy. Adiós. -Anne, una de las únicas amigas de Chloe, le había prestado unos apuntes.
Salió hasta la entrada del instituto y encontró a su hermano ya esperándole.
-¿Te sigue doliendo la cabeza? -empezó a hablar Andrew.
-No, solo estoy un poco mareada.
-Pues a mí me duele ahora. Habremos pillado un virus de esto o, simplemente, es el cambio de estación -explicó Andrew.
Comenzaron a andar hacia su casa. Ambos iban absortos en sus pensamientos cuando alguien les bloqueó el paso.
Eran unos hombres bajitos y llevaban ropas extrañas. Uno tenía barba blanca y los ojos uno de cada color. El otro llevaba un extraño sombrero y sonreía, enseñando todos sus sucios dientes.
Se rieron.
-Ya os tenemos, niñitos -dijo el de la barba-. Aplícales un hechizo para que se duerman.
<<¿Un hechizo?>>, pensó Chloe.
El hombre del sombrero extraño sacó una minúscula botellita de un bolsillo y se acercó a Andrew, que, un poco asustado, le empujó hacia atrás. Pero, al hacerlo, el hombre salió volando por los aires.
Chloe le miró como diciéndole: ¿¡Pero cómo has hecho eso!?
El de la barba abrió los ojos.
-Pues habrá que retenerlos -murmuró.
Sacó una varita de la nada y empezó a murmurar unas extrañas palabras.
<<¿Será esto del efecto del mareo?>>, pensaban los dos hermanos.
Chloe le dio la mano a su hermano y se la apretó justo cuando el de la barba estaba a punto de señalar con la varita hacia ellos.
Notaron un tirón en el estómago y aparecieron veinte metros más adelante.
-¡Cógelos, Zafio! -le mandó el de la barba a su otro amigo, que estaba tumbado en el suelo.
Zafio reaccionó rápido.
Andrew hechó a correr, junto a Chloe, que, sin saber cómo, apareció un poco más adelante todavía.
-¡Corre, Chloe, corre! -gritaba Andrew.
-¿Qué te crees que hago?
Los dos hermanos siguieron corriendo todo lo rápido que podían. Los dos estaban agotados y mareados, pero algo en su interior les decía que tenían que correr para no volver a ver a esos hombres de nuevo.
Por fin, empezaron a divisar su casa. Andrew hechó un vistazo por encima de su hombro y vio que el hombre del sombrero venía flotando y que sujetaba un extraño palo en su mano.
-¡Nos van a alcanzar!
-¡Escondámonos!
Chloe empezó a correr hacia un arbusto que había un poco más allá y Andrew le siguió. Se encogieron bien sobre sí mismos y esperaron durante largo rato.
-¿Cómo has hecho eso? -le preguntó Chloe a Andrew.
-Yo no he hecho nada. -Miró a su hermana, que tenía las mejillas sonrosadas y añadió-: ¿Y tú cómo has hecho eso?
-Yo... yo... no lo sé.
Andrew se dio la vuelta y apartó el arbusto para ver si los dos hombres se habían ido.
-Ya no están -informó-. ¿Nos vamos a casa?
Chloe asintió y, con la ayuda de su hermano, se levantó. Habían pasado un buen rato ahí sentados. Emprendieron la marcha, con paso tranquilo pero rápido, por si los hombres volvían a aparecer.
Chloe levantó la mirada y comprobó, aliviada, que ya casi habían llegado a su casa.
Llegaron cinco minutos después. Andrew abrió la puerta y, una vez dentro, Chloe la cerró con cuidado y se dejó caer hasta el suelo.
-¿Qué crees que ha pasado, Andrew?
Su hermano se encogió de hombros y Chloe se levantó.
-No te comas la cabeza por una cosa así. Recuerda que estábamos mareados y que nos dolía la...
-¡Ah, vamos, Andrew! ¿Me vas a decir que esto es simplemente una alucinación? Yo también lo he visto, y lo he vivido, y me parecía demasiado real para ser una alucinación.
-De todas formas, digas lo que digas, nunca he visto a esos dos hombres por Londres. Tenían pinta peligrosa, parecían ladrones. ¿No lo has pensado?
Chloe asintió y se apoyó en la encimera de la cocina. Su hermano se había puesto a cocinar algo que olía deliciosamente.
-¿Qué estás cocinando? -preguntó Chloe, curiosa.
-No te lo voy a decir. Que sea una sorpresa -dijo su hermano y sonrió.
-¡Andrew malooooo! -dijo Chloe mientras se reía sin parar. Siguió molestando un rato más a su hermano, pero se dio cuenta de que no se lo iba a decir y se fue a su habitación a hacer los deberes.
                                                                            *****
La puerta de la casa se abrió y, aunque estaba en el segundo piso, Chloe la oyó y bajó rápidamente a saludar a William, su padre.
Éste le dio un beso en la frente.
-¡Chloe! ¡Qué oído más fino tienes! -dijo medio riendo. Su hija sonrió y Andrew salió de la cocina. Padre e hija comenzaron a reirse como nunca lo habían hecho al ver que Andrew llevaba el delantal de flores rosas que había sido de su madre.
-¡Como sigáis riéndoos así no os dejo probar el postre que he hecho! -dijo, pero los dos siguieron riéndose.
William se acercó a su hijo y le dio un beso en la frente, al igual que con Chloe.
-¿Habéis preparado la cena? ¡Me muero de hambre!
Andrew asintió y fue rápidamente a la cocina. Chloe y su padre subieron al segundo piso y se fueron a sus respectivas habitaciones. Chloe se puso el pijama y bajó. William se puso las pantuflas y se desabrochó un botón de la camisa. Así ya se sentía a gusto.
Bajó y vio que Andrew estaba sirviendo espaguetis con tomate. Se sentó al lado de Chloe y probó los de su plato. Estaban deliciosos.
-¿Qué tal hoy en el instituto? -preguntó William, como todas las noches.
-La verdad, no muy bien -respondió Andrew-. Primero, a Chloe le dolía la cabeza, después, yo he visto a un profesor invisible, parece ser, luego Chloe estaba un poco mareada y finalmente a mí me dolía la cabeza.
-Sí -asintió Chloe-. Y, además, luego se han interpuesto en nuestro camino dos hombres bajitos que decían algo de conjuros, de varitas y de atraparnos...
William dejó de atender. ¿Señores bajitos? ¿Mareos, ilusiones y dolores de cabeza?
Tragó saliva y palideció.



Introducción del blog

Andrew y Chloe son dos hermanos normales. O, al menos, eso es lo que piensan hasta que, un dia, dos hombres un poco raros los intentan atacar en medio de la calle diciendo cosas sobre magia, conjuros y varitas. Poco a poco, los dos hermanos van descubriendo cosas sobre ellos, sobre lo que realmente pasó en el accidente de tráfico en el que murió su madre y sobre su verdadero origen
Una historia llena de amor y magia 


Hola! Somos Aida Styles y Claris Hollister (dueñas de otros blogs)
Esperamos que la historia os enganche y os guste. 
Comentad que os ha parecido la introducción.
Besos.
PD: ahora luego publicaremos el primer capitulo.
PD2: ¡No os olvidéis de haceros seguis ;)